VIDEO DE REALIDAD Y FANTASÍA EN LA CAPTURA DEL ÚLTIMO INCA DEL TAWANTINSUYO
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REALIDAD Y FANTASÍA EN LA CAPTURA DEL ÚLTIMO INCA DEL TAWANTINSUYO
INDICE:
I.
¿Atahuallpa o Atabalipa?
II. Los
documentos valeranos.
III. ¿Fue
Blas Valera el primer revolucionario mestizo?
IV. Las
incongruencias de la versión oficial sobre la batalla de Cajamarca.
IV.1. La fantástica victoria de 177
españoles frente a más de 10,000 guerreros.
IV.2. El terror y la cobardía
atribuidos a los guerreros incas por la presencia de las armas de fuego y los
caballos.
IV.3. La política de censura para
garantizar la impunidad del genocidio y latrocinio del Tawantinsuyo
“El pasado influye en el presente y con
ello en
el futuro; pero el presente también influye
como se ve y
se comprende el pasado”
JOHN ELLIOT —Prólogo de “Terra Nostra”
I. ¿ATAHUALLPA O ATABALIPA?
Es
innegable que existe una relación entre el pasado, el presente y el futuro de
un pueblo y depende de la lectura correcta que se haga de ese cordón umbilical
histórico para despertar y cultivar la identidad y el orgullo nacional,
indispensables para la unidad y el desarrollo. He allí la importancia que tiene
para los ciudadanos de un país conocer su pasado.
Recordemos
que los incas, a los adolescentes de la nobleza, les ponían el nombre junto con
la wara, después de una ceremonia especial conocida como warachico. El
adolescente, hoy conocido como Atahuallpa, participó en esa ceremonia antes de
la salida de su padre, GuaynaCapac, hacia la campaña del norte del imperio,
hacia donde lo llevó consigo. Solamente aprobaban esas pruebas, los “waynas”
que demostraban arrojo, valor, prudencia y demás cualidades que debería tener
un guerrero; cualidades que el último emperador inca demostró en toda su vida.
Siendo Atabalipa el hijo del emperador vigente, es inconcebible que Guayna
Capac le hubiese otorgado a su vástago el nombre de “gallina atada” que es la
traducción de Atahuallpa; por el contrario, es mucho más probable que se le
haya impuesto el nombre de Atabalipa cuyo significado sería: “hombre de mucho
valor”, que coincide con la actitud demostrada por el joven en las pruebas de
la realeza. Además, recordando a Betanzos, es necesario señalar que a la muerte
de su padre, cuando Atabalipa ciñe la mascaipacha, toma el nombre de Ccacha Pachacuti
Inca Yupanqui (Betanzos 1987: 227)[1]
en honor al dios de la guerra.
El nombre atribuido al último
inca empieza a conocerse como Atahuallpa a partir de 1553, veinte años después de la muerte del
emperador, cuando Pedro Cieza de León publicó: “El señorío de los Incas”. Pedro
Sarmiento de Gamboa, el cronista a la medida del virrey Toledo, refuerza esta
idea en su “Historia Índica”
Sabemos que la invasión al
Tawantinsuyo se realiza entre once y doce años después de la conquista de México;
muchas experiencias de ese proceso se aplicaron, perfeccionadas, después en el
Perú. Así los hispanos recurrieron, entre otros aspectos como la tortura y el
maltrato físico habitual, a consolidar su dominio mediante factores
psicosociales. Entre ellos podemos mencionar.
a) Inducir en el indígena una
visión mistificada del invasor como seres superiores, en calidad de semidioses,
capaces de realizar acciones prodigiosas.
b) Convencer al habitante del
sojuzgado imperio, mediante la violencia cruel y la persuasión constante, de su
incapacidad e inferioridad frente al invasor.
Para ello manipularon la historia. Los invasores
ideologizaron la satanización del último inca, para justificar su invasión, el
asesinato del emperador y establecer el estatus de inferioridad del pueblo
vencido.
Fue así como manipulando los
hechos, entre todos los defectos que le atribuyen a Atabalipa, quisieron
perpetuar el de la cobardía mediante un apelativo que perennizara, no sólo en
el idioma hispano sino también en el
quechua, una característica personal inexistente.
Frente a la imagen de la “gallina
atada” y/o “gallina asquerosa”, de acuerdo a las traducciones que de este
vocablo se hacen actualmente, refiriéndose al emperador inca cargado de cadenas,
al momento de escuchar la sentencia, lo que posiblemente le originó llanto,
levantaron la mistificada historia de 177 semidioses hispanos venciendo a más
de 10,000 guerreros incas; epopeya que les daba indiscutible superioridad por
voluntad divina. Ello ubicaba al pueblo derrotado, también por favor divino, en
condición de seres inferiores. A esta labor no solamente contribuyeron los
cronistas, también participó la iglesia y juristas de renombre; es por eso que
podemos encontrar afirmaciones como:
“El sacramento del bautismo no
libra a los hombres de la servidumbre natural: por lo cual el ignorante
naturalmente es siervo del sabio… conforme a la ley divina, natural y humana”[2]
Fray Miguel Agia.
“Necesita el hombre (los señores)
de los siervos”
(Santo Tomás 1954, III:512)[3]
“Los indios eran por naturaleza
siervos”
Antonio de León Pinelo.[4]
“fueron nacidos para
servir (por ser) más recios de cuerpo que los españoles (y porque) cuantas más
fuerzas tienen en el cuerpo, tanto menos tienen de entendimiento”
(Matienzo, (1567) 1967: 17)[5]
Por citar solamente algunas
referencias, sin referirnos aquí a todas las atrocidades planteadas por Juan Ginés de Sepúlveda de las
cuales transcribimos una:
¿Qué cosa pudo suceder a estos
bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de
aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros,
tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en
cuanto pueden serlo?
De “La justa causa de la guerra contra los indios”- Juan
Ginés de Sepúlveda
Pero si estos argumentos cargados
de irracionalidad son detestables, algo que llega a los límites de la
alucinación son los argumentos del Jesuita Ricardo Cappa Manescau, un capellán
del ejército peruano en la guerra del pacifico, quien en sus “Estudios
críticos acerca de la dominación
española en América” (1889), aparte de injuriar al pueblo indígena con afirmaciones
ultrajantes expresa alegremente que “la conquista fue absolutamente necesaria y
lícita porque sacó a los indios de la ignorancia e hizo de idólatras
cristianos, de incultos civilizados y de esclavos hombres libres”
Los primeros cronistas, como
Cristobal de Mena y Francisco de Xerez, que publicaron sus escritos sobre el
imperio en 1534, un año después del asesinato del emperador inca, se refieren a
él como Atabalipa, más no como Atahuallpa; el mismo Hernando Pizarro, cuando
viaja a España llevando el quinto real del rescate del inca ejecutado, al
referirse a él en su “Carta relación de la conquista del Perú”, dirigida al rey
de España, lo nombra Atabaliba.
Repasemos algunos fragmentos de los documentos escritos por
protagonistas de la campaña de Cajamarca:
“El Gobernador ler preguntó por
el oro del Cuzco, que aquél Capitán era el que lo había prendido; él respondió,
según Atabalipa le había avisado, que ningún oro tenía, que todo lo habían
traído (…)El mandó llamar a su señor, el cual vino con el Gobernador, y habló con su
Capitán, que estaba atado. El Capitán le dijo que quería decir la verdad a los
cristianos, porque si no la dijese lo quemarían. Atabalipa le dijo que no
dijese nada, que aquello que hacían no era sino para le poner espanto, que no
osarían quemarle”
Cristobal de Mena: ”La
Conquista del Perú”
“El gobernador envió al capitán Soto con veinte de a caballo a
visitar a Atabalipa (…)
Aquí me tienen (Hernando Pizarro) diciendo: ya sale Atabalipa-
que está metido en su aposento, y no sale”
Diego
Trujillo:
“Relación del descubrimiento del reino
del Perú”
“Tuvo noticias el gobernador que (…)doce o quince jornadas deste
pueblo está un valle poblado que se dice Caxamalca, adonde reside Atabalipa que
es el mayor señor que al presente hay entre los naturales; al cual todos
obedecen(…) los comarcanos deste río no están tan domésticos al servicio de su
majestad como conviene, antes se favorecen con este Atabalipa y dicen que a él
tienen por señor y no a otro”
Francisco
de Xerez:
“Verdadera relación de la conquista del
Perú”
“Y visto que no volvía el mensajero de Atabaliba, quiso
informarse de algunos indios que habían venido de Caxamalca e atormentáronse e
dijeron que habían oído que Atabaliba esperaba al gobernador en la sierra para
darle guerra”
Hernando Pizarro: “Carta
relación de la conquista del Perú”
Si ese era el trato nominal que los hispanos dieron al emperador
inca en los albores de la invasión; ¿por qué 20 y/o 40 años después de su
muerte aparece el nombre de Atahuallpa para referirse a él?
Enfoquemos
las circunstancias que vivía el país. Hasta la llegada del virrey Toledo, no
había una paz garantizada en la gobernación de Francisco Pizarro, por la tenaz
y heroica resistencia de los incas de Vilcabamba. El escarnio del último inca
tildándolo de cobarde, asesino despiadado, bastardo, sodomita y usurpador fue
parte del proceso de alienación, colonización mental impuesta que, junto a
otros métodos violentos, garantizaran una sumisión completa y una concepción
“razonada” de la superioridad del invasor. El apelativo atribuido al último
gobernante inca, con el significado que conocemos actualmente, obedece a este
tipo de maniobras y falsedades como veremos en las páginas siguientes.
II. LOS DOCUMENTOS VALERANOS
Los documentos valeranos
son conocidos, también, como documentos Miccinelli , debido a que
estuvieron durante mucho tiempo en poder de la indicada familia.
El tema que
vamos a tratar es sobre un hecho que ha provocado gran polémica en el ambiente
cultural relacionado con nuestra historia: REALIDAD Y FANTASÍA EN LA CAPTURA DEL
ÚLTIMO INCA DEL TAWANTINSUYO. ¿Cómo se capturó a Atabalipa? ¿Hubo batalla para
su captura? ¿Existió en realidad la batalla de Cajamarca?, ¿qué hay de verdad y
qué hay de falsedad? ¿Qué hay de fantasía y que hay de realidad en las versiones
oficiales sobre este hecho? Es lo que
precisamente vamos a tratar a continuación.
Empezamos por
manifestar que en Junio de 1996 se
realizó en Lima el IV congreso internacional de etno historia; evento al que
fue invitada la Doctora en Antropología Laura Laurencich Minelli, por el
historiador Franklin Pease. La Dra. Participó con un tema basado en el
descubrimiento de dos manuscritos del siglo XVII, escritos en latín y quechua, cuya
autoría pertenece al Jesuita mestizo Blas Valera y a los jesuitas italianos
Padre Anello Oliva y Hermano Antonio Cumis con dibujos del Hermano Gonzalo
Ruiz. La ponencia presentada por Laura Laurencich causó un enorme impacto difícilmente asimilable por la
crema y nata de la historiagrafía que había concurrido a esa cita. Connotados
historiadores sintieron que se había cometido una especie de profanación a la historia de la conquista, oleada y
sacramentada a través de los siglos. Laura Laurencich, en la exposición hecha
sobre los dos manuscritos: Historia et Rudimenta Linguae piruanorum y Exsul
inmeritus Blas Valera populo suo , no solamente ponía en duda la veracidad de
las fuentes informativas oficiales de la conquista, sino que afectaba la
credibilidad de dos de nuestros más destacados cronistas: Inca Garcilaso de la
Vega y Felipe Guamán Poma de Ayala. A Garcilaso se le señala como un plagiario
y a Guamán Poma de Ayala como cómplice de un engaño mantenido por siglos.
¿Qué es lo que hay en estos documentos
que causaron un natural asombro y consternación, en el ambiente histórico-
cultural del Perú?
En estos documentos se encuentran
las siguientes revelaciones:
1. Sobre
la captura del Inca Atabalipa en Cajamarca los documentos sostienen que no hubo
batalla alguna y que el Inca fue capturado gracias a que sus tropas, en especial
la plana mayor de su ejército fueron envenenadas con rejalgar (trisulfuro de
arsénico) gracias a una maquiavélica conspiración de Pizarro con los sacerdotes
Fray Reginaldo de Pedraza, Fray Vicente Valverde y Fray Juan de Yepes. Les
habrían dado de beber con engaños, y simuladas muestras de amistad, vino
envenenado y luego los habrían masacrado. Un documento clave en este aspecto es
la carta escrita por Francisco de Chaves dirigida al Rey de España, dando
cuenta de esta y otras acciones de Francisco Pizarro. Chaves, en el segundo
viaje de Pizarro, habría escuchado a éste conspirar con los curas sobre el
envenenamiento. Su carta, así como otras dos cartas que existen dirigidas por
el licenciado Francisco de Boan, ex funcionario virreinal, al virrey de
Nápoles, Conde de Lemos, afirman este hecho.
2. En cuanto a Garcilaso de la Vega, Valera
sostiene que el Inca en sus “Comentarios Reales” plagió parte de los escritos
que él (Valera) le entregó para que publicase pero adjudicando la autoría al
verdadero creador (Valera). Sin embargo Garcilaso no sólo omitió el nombre de
Valera como autor sino que deformó o modifico parte del contenido para hacerlo
agradable a la censura hispana. En ese afán de que sus escritos encuentren
cabida en el mundo hispano, Garcilaso, soslayó partes importantes de los
escritos de Valera, como en el caso de los quipus.
3. Blas
Valera sostiene la existencia de una escritura inca en base a los quipus y los
ideogramas de los tocapus y telas. Señala la existencia de los Capacquipus, los
pachaquipus y los cesekuna como instrumentos de comunicación de la nobleza.
Descendiente de una estirpe de Quipucamayos, ha vertido en sus escritos las
enseñanzas que su abuelo materno, Illavanqa le trasmitiera. Dice conocer 65
caracteres de los 200 que utilizaron los incas para su escritura prehispánica
haciendo uso de los Ticcisimi o palabras llave.
4. Manifiesta
Valera, y este es un punto que hay que tener mucho en cuenta, ser el autor de la “Nueva crónica y buen
gobierno”, pero que junto a otros jesuitas convencieron a Felipe Guamán Poma de
Ayala para que preste su nombre como autor de la obra, a cambio de un caballo y
una carreta, porque Valera estaba perseguido por la Santa inquisición.
Era lógico que tal suceso no fuese
del agrado de los historiadores peruanos. No le dieron crédito y posteriormente
el historiador Teodoro Hampe lo consideró una invención.
Laura Laurencich, aunque
desilusionada, participó los días 29 y 30 de septiembre de 1999 en el simposio:
“Guamán Poma de Ayala y Blas Valera, tradición Andina e historia colonial”
promovido por el instituto Italo- latinoamericano de Roma. Allí sostuvo su
versión originaria basándose en los manuscritos encontrados. Se ha recurrido a
comprobar la autenticidad de los manuscritos y la antigüedad de los mismos, llegándose
a la conclusión que pertenecen a la época en que fueron escritos: Exsul
inmeritus Blas Valera populo suo en 1618 e Historia et Rudimenta linguae
Piruanorum en 1638. En el Exsul inmeritus Blas Valera Populo suo hay
incorporada una carta escrita el 5 de Agosto de 1533 por el conquistador
Francisco de Chaves, dirigida al Rey de España. Es el documento más antiguo de
todos.
III. ¿FUE BLAS VALERA EL PRIMER REVOLUCIONARIO MESTIZO?
¿Qué sabemos de
Blas Valera, que sería el causante de esta especie de hecatombe producida en la
historiografía de la conquista?
Fue un jesuita
mestizo hijo del invasor español Alonso Valera y de la princesa Chachapoyana
Urpay una adolescente de 15 años al momento de ser violada. Siendo un adolescente
de 13 años tuvo la desdicha de ver como su padre victimaba a su madre, hecho
que marcaría su vida e influiría en la profunda convicción que tenía de luchar
por los derechos del pueblo sometido.
Valera
se siente indígena y reniega, de lo hispano, al extremo de no querer escribir
en castellano, el idioma del invasor; por eso dice, en su Exsul inmeritus Blas
Valera populo suo : “mi pueblo se está muriendo. Y no se muere solamente de
muerte, que es de todos, sino también de mente, de ingenio, de cultura, de
costumbres”. Siente la desgracia de la destrucción del imperio y del
envilecimiento del pueblo vencido. Más adelante añadiría: “re correr leguas y
leguas por todas las provincias del Perú, para ayudar a mi gente golpeada en
todo el cuerpo”.
Fue
un activo defensor de los derechos de la raza indígena, para lo cual fundó una
sociedad: “La cofradía del nombre de Jesús” del Cusco. Fue perseguido por la
santa inquisición, expulsado de su orden y expulsado del Perú. Para expulsarlo,
de la orden religiosa, el padre general Aquaviva lo acusó de faltas muy graves,
para la época y para la orden, que nunca se llegaron a comprobar
fehacientemente, como el hecho de haber tenido relaciones sexuales con una
mujer. Este hecho habría ocurrido antes de ingresar, a los 23 años, a la orden
jesuita; por lo tanto no tendría mayor implicancia en la conducta del clérigo
dentro de la orden. Las verdaderas razones habrían sido de tinte político por
el carácter mesiánico de su prédica respecto a un movimiento religioso-
cultural andino difundido por el jesuita. El movimiento neo- andino cristiano
formado por Valera y otros jesuitas así como nobles incásicos, tenía un gran
respeto y aprecio por la cultura andina; por el contrario consideraba que la
llamada conquista, con todas sus atrocidades y el engaño del veneno para la
masacre, era injusta e ilegal.
Blas Valera regresó
posteriormente, pero con un nombre falso; regresó con el nombre de Ruruiruna, siendo acogido por
unos amigos y la sociedad que formó. En el Perú se dedicó a la elaboración de
la Nueva crónica y buen gobierno en colaboración con otros religiosos.
El jesuita
mestizo, rebelde ante la injusticia y el abuso del invasor, no solo condenó la
conquista de Pizarro, porque la
consideraba ilegítima, y denunció el engaño de Cajamarca, sino que elaboró el
proyecto de un estado neo- inca cristiano ubicado en el quimérico reino del
Paytiti. Ante el peligro de la destrucción del mundo andino —“mi pueblo se está
muriendo”— por los efectos de la bárbara
invasión hispánica, que causaron un
fatal desequilibrio, Valera y otros jesuitas buscan restaurar los daños infligidos al pueblo inca y su
cultura, estableciendo un nuevo estatus
entre lo occidental y lo andino. En ese estado neo- inca cristiano el Paytiti
sería el nuevo Cusco y el gobierno
estaría en manos de un representante del incario y otro de España.
Cuando Valera
terminó “La nueva crónica y buen gobierno” regresó a España donde publicó Exsul
inmeritus Blas Valera populo suo en 1618, muriendo al año siguiente.
IV. LAS INCONGRUENCIAS DE LA VERSIÓN OFICIAL SOBRE LA BATALLA DE
CAJAMARCA
Basándonos en
las afirmaciones vertidas en los manuscritos valeranos; las cartas, tanto la de
Francisco de Chávez, como las otras dos que existen del licenciado Francisco de Boan, podemos revisar
y encontrar explicación a las incongruencias, de la versión tradicional,
escrita por los cronistas oficiales, sobre la captura de Atabalipa.
Sobre el particular creemos
conveniente plantearnos algunas preguntas:
1ra. Pregunta: ¿Fue
posible capturar a Atabalipa, en batalla, siendo los captores 177 hombres y los
guerreros de Atabalipa más de 10,000 hombres?
2da. Pregunta: ¿Veían
los tahuantinsuyanos por primera vez, como se ha sostenido repetidamente,
actuar a los caballos, así como el efecto devastador de las armas de fuego?
3ra. Pregunta: ¿Cuál
fue el motivo de la censura impuesta por francisco Pizarro a las crónicas que
relataban los sucesos de Cajamarca?
IV.1. LA FANTÁSTICA VICTORIA DE 177 ESPAÑOLES FRENTE A MÁS DE 10,000
GUERREROS.
Respecto a la primera pregunta, la
posibilidad de la captura de Atabalipa por 177 españoles encontrándose el inca
con más de 10,000 guerreros. Para
comentar este tema es necesario recordar algunos aspectos respecto a la persona
de Atabalipa. ¿Quién era este monarca de la etapa apocalíptica del imperio, al
que la panaca de Guascar lo consideraba un usurpador?
¿Quién era Atabalipa? Muy poco se
ha tratado este tema incluyendo esta perspectiva. ¿Los rasgos de la
personalidad de Atabalipa, coinciden con la conducta que se le asigna durante
su captura?
Tenemos que considerar a Atabalipa
como lo que verdaderamente era.
Atabalipa era un hombre de guerra.
Un hombre que desde los 13 años vivió los rigores de la vida militar en las
tiendas de campaña, junto a los mejores generales que tuvo su padre y que
fueron sus maestros en el arte de la guerra. En esa larga campaña del norte,
acompañando a su padre, el niño se hizo hombre y el inexperto aprendiz se
convirtió en un eficiente, arrojado y letal guerrero incásico, indiscutible apoyo
militar de su padre el gran Guayna Capac. Observó y experimentó los conflictos
palaciegos y vaivenes políticos del clero solar que conspiraba contra su padre.
Fue testigo de la traición del general Hurin Michi Naka Mayta que puso en peligro la vida
de Guayna Capac en Cayambe, y de la forma como reaccionó su padre después de la
traición. Despertó en el ejército, y su plana mayor, tal admiración y lealtad
que su padre estuvo plenamente convencido de encargarle la conquista de la
actual Popayán, para extender sus dominios más al norte; intención que se vio
frustrada por la muerte repentina de Guayna Capac y la reacción del clero solar
y Guascar ante tal acontecimiento. Todas las experiencias que vivió Atabalipa,
con la cercanía de su padre, contribuyó a convertirlo en un hombre no solamente
diestro en el campo militar, sino, también prevenido en las cosas del gobierno.
Sin embargo en sus campañas de exterminio, de los rebeldes contra el imperio,
se ganó el odio de aguerridas naciones como los Cañaris, Latacungas, Otavalos, Quillacincas,
entre otras. Un odio que posteriormente jugó a favor de Francisco Pizarro. Las
luchas entre las panacas reales y la casta sacerdotal desplazada que trataba de
reconquistar el poder arrebatado por l casta militar, fue tremendamente
gravitante en los momentos postreros del Imperio. Los Hurin llegaron a la
traición por recobrar el poder y no
dudaron en los momentos iniciales de la conquista en luchar junto a cañaris,
cayambes y otras etnias apoyando a Pizarro contra las tropas de Atabalipa. Los
cañaris se distinguieron de tal manera, en ese apoyo, que muchos fueron
premiados generosamente por Pizarro.
Cuando se habla de la captura de
Atabalipa estamos acostumbrados a imaginarnos, basados en el relato de las crónicas
oficiales, a un Atabalipa asombrado, asustado, incapaz de reaccionar ante las
circunstancias, observando como morían sus guerreros sin atinar a hacer algo.
Tomando en cuenta los antecedentes de la vida de Atabalipa, ¿podríamos pensar
que un hombre que desde los 13 años vivió militarmente, que sostuvo a través de
su vida múltiples encarnizadas batallas, podría asustarse con la presencia de
177 extraños sin hacer algo? Atabalipa, al igual que su padre, intervenía en
las batallas cuando las circunstancias así lo ameritaban, ¿Viendo su vida en
peligro no hubiese tomado las armas para defenderse? Indudablemente que algo
muy extraño, fuera de lo estrictamente militar, había ocurrido.
Los creadores de este episodio
fantástico, que es el que nos han dejado las crónicas oficiales, atribuyen esa
actitud pasiva y temerosa al sombro que causaron la presencia de los caballos y
de las armas de fuego y el temor que causaron sus estragos. Aquí entramos a la
segunda pregunta que nos hemos planteado.
IV.2. EL TERROR Y LA COBARDÍA ATRIBUIDAS A LOS GUERREROS INCAS POR LA
PRESENCIA DE LAS ARMAS DE FUEGO Y LOS CABALLOS
¿Es verdad que por primera vez
veían los incásicos los caballos y las armas de fuego?, ¡Claro que no! La red
de espionaje que manejaban los emperadores Incas, les permitía saber todo lo
que ocurría en el imperio en tiempo asombrosamente rápido para la época; por lo
tanto, desde la época de Guayna Capac, se sabía de la llegada de los españoles
al imperio. Cuando murió este emperador, Atabalipa fue informado de la llegada
de los españoles a Tumbes. Allí quedó una pequeña guarnición, después del 2do.
Viaje de Pizarro, a la que Atabalipa mandó a eliminar. Cuando llegan las
huestes de Pizarro en el tercer viaje, el orejón Apo, así es conocido el
enviado de Atabalipa para la administración de esa región, ordena a Chilimasa,
curaca de Tumbes y a Tumbalá, curaca de la isla de Puná, la eliminación de los
españoles. Se realizó un sangriento encuentro a orillas de la isla Puná, donde
los invasores hicieron uso de sus armas y de la caballería; no obstante
murieron 10 invasores españoles.
Entonces
Cajamarca no fue el primer encuentro de los guerreros incas con los españoles y,
los guerreros tawantinsuyanos, ya sabían que los invasores morían como
cualquier otro ser humano, puesto que habían eliminado a muchos de ellos. Pero
aún si hubiese sido así, que se hubiese dado la batalla de Cajamarca, recurriendo
a los cálculos matemáticos de un enfrentamiento de esa naturaleza, entre 177
invasores contra más de 10,000 guerreros nativos, tendríamos que imaginarnos a
cada invasor peleando contra 564 guerreros. Algo fantástico, irreal, imposible;
más aún, si tenemos en cuenta que ningún español fue herido, sea cual fuere la
astucia militar que hubiesen empleado.
Han existido guerreros famosos en
el mundo, como los orgullosos y soberbios espartanos, que en combate se
ufanaban de vencer a cuatro y hasta siete rivales, ¿pero que un invasor español
pudiese vencer a 564 guerreros sin obtener ninguna respuesta; ni siquiera un
rasguño, a excepción de Pizarro?, y, los invasores españoles estaban bien lejos
de ser los gallardos espartanos.
Entonces encontramos la
explicación, a esta fábula enquistada en nuestra historia, en los manuscritos
valeranos sacados a luz por Laura Laurencich. Fue posible la masacre del
ejército imperial, sin ninguna resistencia, porque los jerarcas militares y los
guerreros, unos habían muerto, y otros, estaban moribundos o imposibilitados de
combatir por el licor envenenado que habían ingerido. El mismo Atabalipa habría
estado en esas condiciones, aunque no murió porque a él le dieron de un
recipiente diferente como refiere Francisco de Chávez. Esa habría sido la razón
por la cual no hubo ningún español herido y con la guardia imperial muerta se
pudieron acercar a Atabalipa para “que le pusieran en el pecho del Inca puñales
y espadas” como dice en su carta el mencionado Francisco de Chávez. No hubo una
batalla sino una masacre de hombres moribundos imposibilitados de combatir.
Para las naciones cuyos pueblos
habían sido arrasados, por los ejércitos imperiales al mando de Atabalipa,
había llegado la hora de la venganza. Se cebaron ante el enemigo inerme y
desataron su ira y su odio, favoreciendo los planes de Pizarro. De hecho esas naciones fueron sus aliadas
desde que Pizarro llegó a Tumbes.
Atabalipa había participado en todas las campañas de represión ordenadas por su
padre, ante la rebelión de las tribus norteñas. Como jefe militar realizó
verdaderas masacres en los pueblos sublevados. Atris, Mira, Carangues, el río
Carchi, Huancavilcas, entre otros pueblos, sufrieron la furia del letal
guerrero. Una de las peores carnicerías en las que participó, por orden de
Huayna Capac, fue en una laguna ubicada entre el río Mira y Carangue. Ese día
la laguna se tiñó de sangre por la cantidad de muertos (más de veinte mil) por
lo que tomó el nombre de Yahuarcocha. Estas
campañas de exterminio de Atabalipa echan por tierra la teoría de quienes han
sostenido, por siglos, que el Inca era Quiteño y que su ejército estaba
compuesto por soldados del actual Ecuador. Atabalipa fue Cusqueño y su ejército
estaba compuesto por guerreros Collas, Lupacas y de las panacas del Hanan
cusco.
¿Por qué hasta ahora no sabíamos
esto?
Entramos así, a revisar la tercera pregunta que nos
hemos planteado.
IV.3. LA POLÍTICA DE CENSURA PARA GARANTIZAR LA IMPUNIDAD DEL GENOCIDIO
Y LATROCINIO DEL TAWANTINSUYO
¿Cuál fue el motivo de la censura
impuesta por Pizarro a las crónicas que relatan los sucesos de Cajamarca?
Empezamos por recordar que los
viajes descubridores, que se convertían en expediciones de conquista, fueron grandes empresas formadas por
aventureros y financistas que invertían con la finalidad de obtener fama y
riquezas. La misma corona española intervino en esa forma. Dioenis Espinosa
sostiene que en los cuatro viajes de Colón España invirtió 623´000,000 de
maravedíes; pero desde 1492 hasta 1660, había sacado de América la jugosa suma
de 64,875´000,000 de maravedíes. Francisco de Chaves reconoce esta forma de
actuación de los invasores en su carta: “gané honor, oro y mujeres”. El
espléndido botín de los soldados hispanos, en el que las personas, en este caso
las mujeres, eran parte del codiciado premio por asesinar indígenas.
Cuando se censuró los informes de
Cajamarca no era la primera vez que Francisco Pizarro impedía cualquier
comunicación directa con el rey, sin su consentimiento. Hay que recordar el
incidente con el tesorero real, Riquelme, antes del desembarco de Tumbes: Riquelme
huyó en un barco para comunicar al rey los primeros incidentes de la invasión
con muerte de soldados, sin ningún beneficio para la corona. Pizarro lo
persiguió en otro barco haciéndolo detenerse con un cañonazo. Pizarro apresó a
Riquelme y lo hizo cargar de cadenas. Ocurrió algo similar al inicio de las
guerras internas entre invasores, cuando Almagro quiso instalar un puerto en el
sur para poderse comunicar directamente con la corte. Pizarro ordenó confiscar
cualquier documento que estuviese en poder de los almagristas, temiendo un
complot.
Entre las razones que tenía
Pizarro para censurar todo documento, memoria o informe que saliese de Cajamarca
y el país se puede considerar los siguientes:
1. En
la carta de Francisco de Chávez, —tengo en mis manos una copia actualizada de
la carta— se narra como a Atabalipa se
le negó el pedido de entrevistarse con el rey de España, pedido que por su
naturaleza de monarca le correspondía. A la letra dice lo siguiente: “El
mortífero veneno dio el triunfo al gobernador (…) La codicia por todo el oro
del mundo no puede jamás perder el juicio de un caudillo para hacer lo que se
ha hecho, tremenda injuria al rey vencido. Aunque pagano, pero rey por
nacimiento y por derecho. Sepa usted que al rey Tabaliba lo metieron en una
celda cerrada y lo vigilaban cuatro hombres y no le dieron libertad, a pesar de
que manifestó que tenía la voluntad de visitar y rendir homenaje a su
majestad”.
Coincidiendo con los planes de
Pizarro, y el engaño que había tramado, las cadenas para el inca ya estaban
preparadas, y no se le dio el trato que merecía como monarca, sino el de un
prisionero cualquiera, obligándolo a hacer tratos con un capitán (Pizarro)
siendo él un emperador; sus hermanas y concubinas fueron repartidas como botín
de guerra a sus enemigos como los cañaris y a los lenguas como Felipillo y tuvo
que ver, resignado, como torturaban a su general Chalcuchimac para hacerlo
confesar sobre supuestos tesoros guardados. La codicia insaciable de los
invasores, no conformes con el rescate del emperador inca, había hecho que
Hernando Pizarro llevase, con engaños, al general inca a Cajamarca. El pedido
del monarca inca, para entrevistarse con el Rey de España, no podía llegar a
oídos de las autoridades de la metrópoli o del mismo rey, porque:
a.
En la práctica el rey habría conocido el grado
cultural del inca y sus súbditos. Los habría convertido en aliados y/o vasallos
y no en esclavos.
b.
El rey se habría dado cuenta, en forma directa,
de la verdadera proporción de las riquezas existentes en el imperio, y de los
indeseables manejos de Pizarro, en desmedro de los intereses de éste y sus
secuaces.
c.
Habría conocido el rey, de primera fuente, del
saqueo, atrocidades cometidas por los invasores, así como del robo que Pizarro
y su tesorero Riquelme hacían de la parte correspondiente al rey.
2. Se
inventó la batalla de Cajamarca para hacer uso de las costumbres de la época:
los pueblos sometidos en batalla adquirían la condición de esclavos y no de
vasallos. Pizarro quería oro y esclavos no vasallos, como lo demostró en la
práctica. La traición, su accionar maquiavélico y un golpe de suerte le habían
proporcionado un país lleno de metales preciosos y otras bondades. Necesitaba
mano de obra gratuita para explotarlo, sin miramiento alguno. Esa habría sido
la razón por la cual se enfrentó en la isla de Puná al padre dominico
Bernardino Minaya que estaba a favor de respetar la Provisión Real de 1530 que
prohibía la esclavitud de los indios. Minaya asqueado, por las atrocidades
cometidas por los invasores, partió a Europa donde denunció los hechos. El
resultado fue la Bula del Papa Paulo III “Sublimes Deus” y la prisión de Minaya
en el convento Trianos. Las mentiras del gobernador del Perú tenían efecto en
la corte. Pizarro terminó matando al padre Yepes por divulgar el tema del
veneno. Posteriormente la actuación del Marqués de los Atavillos y sus secuaces se enmarcaron dentro de los
alcances de la Provisión Real del 20 de Febrero 1534 que dejaba sin efecto la
prohibición de 1530 y autorizaba la esclavitud de los indios que habían sido
sometidos en batalla. Los acontecimientos de Cajamarca, Pizarro los encuadró
dentro de esta norma.
3. Todos
los informes que saliesen sobre los primeros momentos de la invasión, deberían
tener algo en común: Hacer creer que los habitantes del imperio estaban en una
situación de barbarie: eran idólatras, viciosos, sodomitas y tiranos; por lo
que estaba presente la necesidad de conquistarlos para culturizarlos y ponerlos
en el camino de Dios. Por eso trataron de destruir la cultura andina y con el
san Benito de la “extirpación de idolatrías” destruyeron quipus y tocapus;
eliminaron amautas y quipucamayocs y en general todo indicio que llevase a
descubrir una escritura prehispánica, privándonos, así, de valiosas fuentes de
información sobre el imperio. Para los invasores se necesitaba informes como el
de López de Gómara quien, en su “Historia General de las Indias”, dice:” Nunca
jamás rey ni gente (…) anduvo y sujetó
tanto en tan breve tiempo (…) son los españoles dignísimos de alabanza (…) ¡Bendito
Dios, que les dio tal gracia y poder!”.
Para los hispanos tenía vital importancia, para sus intereses crear una
imagen determinada del pueblo vencido. Hacer presente un ordenamiento natural
de superioridad e inferioridad amparado por las leyes divinas; así se formó y
difundió la imagen del indio incapaz con “el alma mezquina y de pocas
facultades (…) naturaleza viciada de
mucha sensualidad y cobardía (…) Todos tienen un monstruo físico que
necesariamente produce un monstruo moral”[7].
Se tenía que lograr que el pueblo sometido internalizase la imagen que
sobre ellos se había elaborado y los mejores medios para lograrlo era la
manipulación y/o falsificación de la historia inca y repetir constantemente la
falsedad, por todos los medios y en todos los ámbitos.
De alguna manera se oficializó esta política, de desinformación y vilipendio,
de la cultura andina cuando el virrey Toledo, el asesino de los últimos
incas de Vilcabamba y de Tupac Amaru I, encargó escribir una historia inca a la
medida de los intereses de los invasores. El designado para la servil tarea fue
Pedro Sarmiento de Gamboa quien, en su obra “La historia Indica”, es uno de los
primeros en llamar Atahuallpa al último
gobernante inca.
Finalmente creemos necesario
señalar que los documentos valeranos, aparte de originar temas como el que
estamos tratando aquí, abren una nueva perspectiva en el largo camino, que se
ha seguido hasta el momento, por encontrar la escritura de los incas. Es lógico
pensar que una cultura tan avanzada como la del Imperio andino, considerada una
de las grandes culturas de la humanidad, elaboró una forma de perennizar y
trasmitir su producción cultural, a través de una escritura que no
necesariamente tenía que ser igual a la de los invasores hispánicos. Esta es,
tal vez, la razón por la cual Valera se sintió, hasta cierto punto, traicionado
cuando Garcilaso soslayó partes importantes, de sus escritos, relacionados a
los kipus. El jesuita sostiene, en relación a los kipus que hemos señalado
anteriormente, que el Kipu numérico no sólo es tal, sino que cumple además
otras funciones. Tiene la señal o indicador de clase para saber a qué categoría
pertenece (agrícola, minero, religioso etc); la dirección de la torsión de los
colgantes y de los nudos, así como los colores, siendo los mismos, tienen distinto
significado de acuerdo a la categoría que pertenecen. En cuanto a los Kipus de
escritura señala a los Capaquipus como sistema de comunicación de la nobleza
donde dioses y fuerzas de la naturaleza, siendo sagrados, están vinculados a
los números y al mundo del hananpacha; señala la existencia de los Pachaquipus
para “escribir” todo lo relacionado con el tiempo y los Cequekuna para el
estudio de lo relacionado con los Ceques.
Blas Valera en su Exsul inmeritus Blas Valera
Populo suo, deja un camino que es
necesario terminar de transitar. Solamente así, encontraremos todos los
alcances del sistema de comunicación incaico basado en los kipus; podremos
develar los misterios, hasta ahora ocultos, de la civilización andina y
destruir todas las falsedades enquistadas en la información oficial del pasado
inca. Tarea que, necesariamente, recae en las nuevas generaciones de
investigadores de nuestra historia. Esperamos que así sea.
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[1] Luis Guzmán Palomino y Centro de Estudios
Histórico Militares del Perú. Edic. especiales de La República 24. 03. 96.
[4]- Tord
y lazo(1981). Economía y sociedad. P
398
[5]
-Citado en Tord y Lazo. (1981) p.360
[6] Raul
Porras Barrenechea. “Visión introductoria”.
El Perú Virreinal pg.11
[7]
Odriozola: 1864, t.4. 247 . citado en Tord y Lazo(1981) p. 89
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